
Francia: Tres días en París con niños: lo que nos dio tiempo en 60 horas
Pasamos tres días en París con niños y 60 horas, y fue un viaje para los cuatro, no «un viaje por los niños». Fuimos en familia con dos niños de 9 años, pero con ganas de vivir la ciudad de verdad: caminar, mirar, comer bien y quedarnos con recuerdos imborrables. Llegamos a París desde Róterdam en 2,5 horas con el Eurostar. Nos movimos con metro y caminatas (y alguna vez Uber). En 60 horas no se «hace» París, se elige bien.
Nos alojamos muy cerca de Galeries Lafayette Haussmann, que ya es un plan en sí mismo (y su azotea, una de las mejores panorámicas). Aviso honesto: igual que la Torre Eiffel, no es para quien tenga vértigo.
Tres días en París con niños: los lugares que más nos gustaron
Trocadéro: el primer “wow” de verdad
Hay un momento muy concreto en París: estás caminando, giras la cabeza… y de repente la Torre Eiffel aparece delante de ti. Ese “shock” visual en Trocadéro nos encantó. Y lo mejor vino después: caminar desde Trocadéro hasta la Torre. Es el acercamiento perfecto, con la emoción subiendo a cada paso.
Torre Eiffel (2º piso en ascensor) + el truco de las luces
Teníamos franja horaria reservada y subimos en ascensor al segundo piso (la cima estaba cerrada). Aun así, la experiencia fue completa: vistas, aire, esa sensación de “esto está pasando”. Y llevábamos un detalle que lo hizo todavía más especial: las luces de la Torre se encienden cada hora y brillan unos 5 minutos. Cuando lo esperas, lo vives distinto.

La Torre Eiffel de noche: ese momento de “wow” que no se olvida.
Bateaux-Mouches: París en modo “respira”
El paseo por el Sena fue uno de esos aciertos universales: ¿por qué? lo disfrutan los niños, lo disfrutan los adultos, y además te regala una pausa real entre tanta caminata. Puentes, edificios, luces… y tú sentado mirando cómo pasa París.
(Aquí en el artículo original hay enlace a un reel; si en la versión española también lo quieres, lo colocas aquí: “Mira el reel aquí: [LINK]”.)
Place des Vosges (Le Marais): la parada perfecta en medio del día
En un viaje de casi 40.000 pasos, necesitas un lugar que funcione como “reset” y Place des Vosges fue exactamente eso: los niños jugando, nosotros sentados, con tranquilidad.

Place des Vosges: nuestra pausa perfecta en Le Marais para descansar (y que ellos jueguen un rato).
Arco de Triunfo: impacta desde el metro
Con el Arco pasó algo curioso: el “wow” empezó al salir del metro, cuando lo ves crecer delante de ti. No necesita presentación; te golpea el tamaño. Los peques se quedaron fascinados y soltaron un “¡volveremos!” sin pensarlo.

El Arco de Triunfo también sorprende por dentro: levantas la vista y te quedas mirando los detalles.
Museo Carnavalet: el museo “correcto” con poco tiempo
Con solo 60 horas, decidimos no ir al Museo del Louvre ni al Museo de Orsay, porque pueden comerse un día entero y en su lugar, elegimos el Museo Carnavalet y fue un acierto: historia de París, más llevadero, y con partes que engancharon también a los niños.
Montmartre: mi parte favorita (y el funicular no fue para todos)
Montmartre es de esas zonas a las que volvería una y otra vez. Eso sí: aquí fuimos prácticos. Hay casi 300 escalones, y yo —con el tobillo torcido— no estaba para heroicidades, así que para mí el funicular fue la opción obvia: rápido, cómodo y te guarda energía para lo importante. Sin embargo los niños, sí subieron por las escaleras (y con razón luego iban orgullosísimos).
Y la recompensa es clara: la Basílica del Sagrado Corazón y as vista panorámica: París se abre delante de ti como una postal.

Montmartre en modo aventura: ellos subieron los casi 300 escalones… y el Sacré-Cœur les regaló unas vistas increíbles. 🤍
Catedral de Notre Dame de París: visita corta, sensación de regreso
Yo ya la había visto hace 20 años (incluso había subido entonces), pero esta vez, por falta de tiempo, hicimos una visita breve: entramos, dimos una vuelta tranquila y seguimos. Lo justo para sentirla sin que se llevara el resto del día.

Notre Dame por fuera: incluso con una parada breve, impresiona cada vez.
Comida típica en París: lo que pedimos y lo que repetiríamos
La comida fue parte del viaje, sin discusión. París tiene esa magia de convertir algo simple en un momento.
Platos “muy París” que vale la pena probar:
Clásicos de brasserie: por ejemplo steak frites, confit de pato y una buena sopa de cebolla cuando hace frío.
Lo que nos encantó de verdad: parmentier de pato, choucroute, lubina con orzo y salsa cítrica, y mi favorito: mejillones en salsa de mantequilla (de esos que luego en casa te persiguen en la cabeza).
Postres: tarte tatin, mousse au chocolat y peras belle hélène.
Un clásico “bistró moment” en París: comida sencilla, bien hecha… y siempre con pan en la mesa.
Desayunos: “todo”. Porque en París desayunar es un plan.
Y sí, hicimos la parada “viral” del barrio: el Le Crookie – l’original de Maison Louvard (11 rue de Châteaudun, 75009). Es exactamente lo que promete: croissant + cookie en un dulce que se ha hecho tendencia… y que en la práctica es una pequeña felicidad entre paseo y paseo.
Dónde el plan cambió (y por qué no pasa nada)
En todo viaje real hay ajustes:
No llegamos a tiempo a Rue Saint-Dominique para el plan de panaderías, así que optamos por una boulangerie cerca del hotel.
El Mur des Je t’aime estaba cerrado.
Maison Rose estaba cerrada el fin de semana.
Y sí: yo con el tobillo torcido, Tim con las gafas rotas, y después de casi 40.000 pasos, hubo un momento en el que lo único que necesitas es sentarte. Aun así, la conclusión fue la misma: volveremos.
Transporte: metro, caminar y Uber (la verdad incómoda)
Usamos transporte público y Uber, pero hay algo que no nos gustó:
- El metro nos pareció bastante sucio.
- No es accesible para personas con movilidad reducida (hay muchas escaleras y pocos ascensores).
- Los pasillos y las zonas de paso son estrechos en ocasiones, y sinceramente lo sentí como una forma de «exclusión práctica».
- Además, para pocos días, nos pareció caro, sobre todo en comparación con Países Bajos.
Dicho esto, combinando caminar con algunos trayectos cortos en metro y recurriendo a Uber cuando es necesario, París se disfruta.
Conclusión
Tres días en París con niños es una opción buenísima no porque haya que “convencer” a los niños (París no necesita convencer a nadie), sino porque la ciudad funciona para todos: imágenes que te paran en seco (Trocadéro), experiencias que se te quedan (Eiffel y el Sena), barrios que te ganan (Marais y Montmartre) y comida que no falla.
Por eso puedo decir que: París no es “un fin de semana”. Es una ciudad que te llena 60 horas… y aun así te deja cosas pendientes. Nosotros nos fuimos cansados, sí, pero contentos: con pequeñas desgracias de viaje, con muchas risas y con la misma idea al final:
París no se termina en un fin de semana. Y por eso volveremos.
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