
Francia: Primavera en Colmar: Lo mejor para disfrutar la Alsacia sin prisas
Ese día nos lo hicimos del tirón: salimos desde los Países Bajos por la mañana y pasamos por Bélgica, Luxemburgo… y ya cuando entramos a Francia, empezamos a notar el cambio. Justo después de Estrasburgo, el paisaje se volvió de postal: colinas verdes, viñedos por todas partes, pueblitos con tejados puntiagudos y campanarios asomando entre los árboles. Ahí dijimos: sí, ya huele a Alsacia.
Llegamos a Colmar cansados, claro, pero también con esa mezcla de emoción y alivio de “¡por fin!”. Lo mejor fue que no hizo falta hacer grandes planes ni preparar mil cosas. Solo con pasear por sus calles ya sentías que estabas en un sitio especial. Fue una de esas paradas que no se olvidan.
🍷 Bienvenidos a la Alsacia de Vino y Pueblos de Cuento
Colmar está justo en el corazón de la región vinícola de Alsacia. Y no solo se nota, se respira. La ciudad es preciosa, pero lo que más nos sorprendió fue todo lo que la rodea: viñedos por todas partes y pueblos que parecen salidos de una peli de dibujos. Algunos incluso están en esa lista oficial de “los pueblos más bonitos de Francia”.
Durante nuestra estancia, visitamos algunos (eso te lo cuento mejor en otro post), pero sinceramente, Colmar ya tenía tanto que ofrecer, que no sentimos la necesidad de estar saliendo de aquí para allá. Es de esos lugares que con solo pasear ya estás bien.
🏘️ Casitas de Colores y un Centro que Parece Decorado a Mano
Nada más llegar al centro histórico de Colmar, nos quedamos con la boca abierta. Las casas son esas típicas de entramado de madera (las de cuento, literal), pero lo mejor es que cada una es de un color distinto: azul, mostaza, verde, rosa… algunas con corazones en las ventanas, otras con conejitos y flores porque fuimos justo después de Pascua. Parecía que toda la ciudad había decorado su balcón para darnos la bienvenida.
Mi marido y yo no parábamos de decir “mira esa”, “espera, esa otra”, y los niños, que normalmente van a toda velocidad, se paraban cada dos por tres a mirar detalles. Colmar tiene ese algo que te hace caminar más despacio. Y no por cansancio, sino porque quieres saborear cada rincón.
🚣♀️ La Pequeña Venecia – Un Paseíto en Barco y Silencio Bajo los Árboles
Y claro, teníamos que hacer el paseo en barquito por la Pequeña Venecia. Es el típico plan que piensas “bueno, turístico pero vamos”, y al final te encanta. Íbamos por el río Lauch, rodeados de casitas que casi tocan el agua, con puentes de madera y patitos nadando al lado. Y al final del recorrido, de repente, pasas por debajo de unos árboles altísimos que forman como un túnel. En ese momento fue como si hubiéramos salido del pueblo y nos metiéramos en un mini bosque. Magia pura.
Lo más gracioso fue que los niños iban callados (¡milagro!) mirando hacia arriba. Yo creo que incluso ellos se dieron cuenta de que eso no se ve todos los días.
🗺️ Monumentos, Pistas y un Bus que Parece de Juguete
En vez de ir tachando lugares de una lista de “cosas que ver”, decidimos probar algo diferente: una búsqueda del tesoro por la ciudad con una app que se llama World City Trail. La idea era ir resolviendo pistas y descubriendo rincones de Colmar mientras jugábamos. Y te digo una cosa… fue un éxito total. Los niños estaban tan metidos en el juego que ni nos dimos cuenta de que llevábamos horas caminando.
Entre pista y pista fuimos encontrando lugares preciosos: el Koïfhus, que fue la antigua aduana, con ese tejado de azulejos súper llamativo; la Casa Adolph, una de las más antiguas de la ciudad, que parece sencilla pero tiene mucha historia; y la Iglesia de San Martín, que para mí fue lo más. Entrar y ver esas vidrieras y el silencio dentro… no sé, me dio una calma total.
En una de las paradas del juego llegamos a la Place Rapp, que tiene banderas de todos los colores y espacio para que los niños corran mientras tú te tomas un vinito o un zumo.
Y de ahí, caminando un poco más, llegamos a la Fuente Bruat, que es de esas cosas que ves y piensas “esto no lo conocía y es precioso”. Pero lo mejor de todo fue cuando ya las piernas no daban más y apareció como caído del cielo La Navette — un minibús eléctrico gratuito que parece un juguete. Los niños lo amaron, nosotros lo agradecimos, y el paseo que nos dio fue el broche perfecto del día.
🖼️ Museos, Chocolate… y a Veces Mejor Pasear
Colmar tiene varios museos y todos suenan interesantes, pero la verdad es que no llegamos a entrar a ninguno. No porque no valieran la pena, sino porque estábamos tan bien callejeando, viendo cosas al aire libre, que simplemente no nos dio el cuerpo para más.
Pasamos por fuera del Museo Unterlinden, que está en un antiguo convento y tiene desde arte medieval hasta contemporáneo. Tiene pinta de ser muy completo, así que lo dejamos apuntado para una próxima visita con más tiempo (y sin tanto cansancio acumulado del coche).
También está el Museo del Juguete, ideal si eres de los que disfrutan viendo juguetes antiguos y maquetas. A nuestros peques no les hizo mucho “clic”, porque es más para mirar que para tocar, y ellos ya estaban demasiado metidos en el juego de pistas como para meterse en un museo.
¿Y el Choco-Story? Pues sí, también lo dejamos pasar. Tiene talleres y huele a gloria, pero… ni siquiera la promesa de chocolate logró sacar a los niños de la emoción de estar descubriendo la ciudad. Y eso, sinceramente, dice mucho de lo que es Colmar.
🛍️ Marché Couvert – Donde Comer es Parte del Paseo
Uno de nuestros momentos favoritos fue la visita al mercado cubierto de Colmar. Yo y mi hija (sí, las dos somos un poco “gourmet wannabe”) nos lo pasamos genial probando cositas aquí y allá. Hay quesos, embutidos, frutas, vinos… todo bonito presentado y con ese ambiente de “esto es local, esto es auténtico”.
Picamos algo para comer en el momento (porque la caminata da hambre) y después aprovechamos para comprar algunos productos para llevarnos a casa. Un poquito de charcutería, un par de botellas de vino… lo justo para prolongar el viaje unos días más en la cocina.
Y como si no fuera ya bastante pintoresco todo, justo al salir del mercado nos cruzamos con unas carretas tiradas por caballos pasando por las calles adoquinadas. Ya era como decir: vale, esto es oficialmente un cuento.
🍽️ Comer en Colmar – Entre Croissants, Spaetzle y Buen Vino
Si hay algo que aprendimos rápido en Colmar es que los horarios de las comidas no perdonan. En serio, si vienes con mentalidad mediterránea, tipo “comemos cuando nos da hambre”, te puede pillar el toro. El desayuno suele terminar a eso de las 11:00, el almuerzo entre 13:30 y 14:00 y luego… todo cerrado hasta las 18:30 o 19:00 que arranca el servicio de cena. Así que si quieres sentarte a comer bien, mejor reserva y planea un poquito. Nosotros aprendimos por las malas el primer día, dando vueltas con hambre.
Para desayunar, fuimos al Mokka Café Déjeuner, donde si llegas a tiempo te sirven un desayuno de los de verdad: pan, huevos, mantequilla, café con leche… todo rico y bien servido. Pero si vas después de las 11:00, ya cambia el menú y solo hay dulces y café. Nada mal, pero no es lo mismo.
Otra opción que nos encantó fue el Au Croissant Doré. El sitio tiene ese aire antiguo de las cafeterías de toda la vida, y los croissants vuelan, así que si puedes, ve temprano porque se acaban rapidísimo.
Para almorzar o cenar, te dejo tres lugares que probamos y recomendamos sin duda:
- Jadis et Gourmande: un bistrot con encanto justo en el centro. Comida rica, sin pretensiones, ideal para hacer una pausa sin prisas.
- Meistermann: más clásico, con platos alsacianos de toda la vida. Nos encantó el codillo de cerdo y los spaetzle (que son como una especie de pasta casera, muy rica).
- La Kilbe: una opción más moderna, con recetas tradicionales pero presentadas de forma creativa. Hasta los niños se animaron a probar cosas nuevas.
Y si no sabes qué pedir, la tarte flambée es la estrella de la cocina alsaciana: una base finita tipo pizza, con crema, cebolla y bacon. También verás mucho chucrut, embutidos, quesos fuertes y guisos que reconfortan el alma. Vamos, que hambre no pasas.
🍷 Vino en Alsacia – Y Sí, También se Puede con Niños
Uno de los imprescindibles en Colmar es probar los vinos locales. Estás en pleno centro de la Ruta del Vino de Alsacia, así que sería pecado no aprovechar. Los blancos de la zona—Riesling, Pinot Gris, Gewürztraminer—son buenísimos. Y lo mejor es que puedes probarlos en bodegas pequeñitas o en bares especializados dentro del mismo casco histórico.
Eso sí, reserva con tiempo, sobre todo si vas en fin de semana o en temporada alta. Nosotros al principio pensamos que no íbamos a poder hacerlo por los niños, pero en realidad hay opciones muy amigables para familias. No, los peques no beben (obviamente), pero algunas bodegas te explican el proceso, les enseñan los toneles, y ellos alucinan igual.
Spoiler: el nuestro preguntó si el zumo de uva era vino sin gas. 😂
🗺️ ¿Y Cómo Llegamos a Colmar?
Colmar está súper bien conectado, así que no hace falta complicarse. Nosotros llegamos en coche después de todo el día de ruta, pero si vas más relajado:
- Desde Estrasburgo, en tren, se tarda menos de una hora.
- Desde Basilea (Suiza), en coche, está a unos 50 minutos.
- Desde el aeropuerto de Friburgo (Alemania), algo más de una hora y veinte.
Una vez en Colmar, todo es fácil: se puede recorrer a pie sin problema, y si te animas, también es una ciudad ideal para moverse en bici. Todo es plano, tranquilo y con mucho espacio para explorar sin prisas.
✨ ¿Te Vas Apuntando Colmar?
No sé si fue el ambiente, el vino, las casas de colores o simplemente las ganas de desconectar… pero Colmar nos dejó encantados. Es de esos lugares que no necesitan grandes planes ni itinerarios: solo estar, mirar, caminar y dejarte llevar.
Si estás pensando en un viaje con niños (o sin), en primavera, en coche o en tren, y quieres algo bonito de verdad: apúntate Colmar. Y si quieres ver más fotos, historias, sitios donde comimos y momentos que no entraron en este post, pásate por Instagram @holimadetravel — ahí seguimos compartiendo un poquito de todo lo que nos regalan los viajes. 💛
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